Archivo de la categoría: Roma

Historia y problemática de la jubilación

Jubilacion romana - cuidado de los ancianosHoy en día conocemos como la jubilación al acto por el cual un trabajador deja de estar laboralmente activo a una actividad de inactividad laboral tras haber alcanzado una edad elevada o al tener una enfermedad grave que le inhabilite para realizar ciertas labores, obteniendo una prestación monetaria para el resto de su vida que será financiada o bien por seguros privados o por el Estado.

Muy pocos saben que la jubilación, algo que hoy nos parece muy normal aunque notablemente moderno, en realidad, es un invento de los romanos a los cuales les encantaba tener mucho tiempo ocioso, tener victorias en la guerra y conquistar lugares a los que inculcar su cultura. Sigue leyendo

Cómo las conquistas de Roma acabaron con su República

Una de las teorías más en boga entre los historiadores sobre la caída de la República Romana es precisamente sus conquistas. Roma asimiló primero a los otros pueblos italianos, tanto militar como diplomáticamente; luego ganó influencia en el mar, derrotando en dos guerras a Cartago, y fulminándola en un tercera guerra (más una operación de limpieza étnica que otra cosa, un auténtico holocausto cartaginés). Sigue leyendo

El segundo triunvirato: Antonio, Octavio y Lépido

Octavio AugustoEl segundo Triunvirato de Roma, uno de los últimos clavos puestos en el ataúd que los romanos llevaban más de un siglo poniendo sobre la República.

En este segundo acuerdo a tres partes las cosas si que estaban más equilibradas. Antonio y Octavio (para entonces ya conocido como César) consiguieron más pues aportaron más. Lépido aportó menos y consiguió poco (relativamente, por supuesto). Sigue leyendo

El primer triunvitaro: Pompeyo, Craso y César

Roma era un tumulto de desórdenes civiles. La situación heredada del conflicto entre Mario y Sila, la dictadura de Sila, y su posterior retirada, habían dejado Roma de vuelta y media.

Ante esta perspectiva, tres personajes que no se pudieran considerar amigos, decidieron unirse y repartirse de facto el poder en Roma. Pompeyo pondría la autoridad, puesto que era el general más valorado en el momento, no por nada era Pompeyo el Grande; Craso pondría el capital necesario y César, que en el momento era el que menos aportaba al Triunvirato, pero era Sumo Pontífice, cargo de gran importancia social, aparte de religiosa, por supuesto. Sigue leyendo

El error de Cicerón

Marco Tulio Cicerón fue uno de los más ilustres oradores de la República, cuando ésta daba sus últimos coletazos. No es la intención de este artículo describir su vida, sino el episodio de ésta que le persiguió durante toda su ulterior carrera política.

Durante su consulado, en 63 a. C., consiguió prevenir un golpe de estado encabezado por Lucio Sergio Catilina, al que no detuvo en el momento, pero a cuyos cómplices redujo prácticamente el día antes de que lo llevaran a cabo.

Cicerón, debido a que Catilina había logrado huir de Roma, para ponerse al frente de los rebeldes, presionó al Senado de Roma para que mandaran ejecutar a los conspiradores sin demora. El problema es que en la Roma de esos tiempos no se podía ejecutar a ningún ciudadano sin juicio previo. Cicerón consiguió que el Senado lo aprobara debido a la imperiosa necesidad de mostrar a Catilina y sus rebeldes que en Roma controlaban la situación, y para no dejar posibilidad de que los conspiradores detenidos pudieran huir y reunirse con Catilina.

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Calígula e Incitatus

Es de sobra conocido lo que hizo Calígula con su apreciado caballo Incitato, o Incitatus, durante su reinado. Cansado de los Senadores, decidió mofarse de ellos nombrando cónsul a su caballo.

¿Otro ejemplo de su locura, o finísima crítica sarcástica al servilismo del Senado?

De la locura de Calígula no se puede discutir. Que fuera esquizofrenia, paranoia, megalomanía galopante, difícil es saberlo. Pero que como jugada política tiene mucho jugo, eso es indiscutible.

Ya desde Tiberio el Senado había perdido su rumbo, quizás desde antes, pero fue con Tiberio donde se dio a la luz la decadencia de la institución, puesto que no pusieron pegas a que fuera el mismo Augusto quien le nombrara sucesor. Unas décadas antes habían ajusticiado a otro, apuñalándolo lindamente todos juntitos, en el mismo Foro dónde se reunían. Ahora respondieron a la renuncia de Tiberio (sincera o no) dimitiendo todos en peso y devolviéndole el poder.

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Sobre banqueros antiguos y dinero de guerra

En las memorias de Augusto, en la traducción de Allan Massie, éste les explicaba a sus hijos la importancia de financiar las campañas de guerra. En concreto, comentaba a sus herederos que su amigo y banquero Balbo, le había financiado durante las guerras civiles y posteriormente.

Según palabras del propio Augusto, Balbo comenzó prestando algo de capital. Tras algunas inversiones de éxito acumuló suficiente capital como para poder financiar el ejército privado de Augusto, y luego acumuló tanta fortuna que no podía ni gastar los intereses recogidos sobre beneficios anteriores, es decir, no pudo ni gastar los intereses de los intereses…

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La limpieza de Lucio Cornelio Sila

Sila fue un dictador romano (Cónsul en los años 88 a.C y 80 a.C y dictador entre los años 81 a.C y 80 a.C) famoso por ganar su guerra civil contra el todopoderoso Mario, cuando la Républica de Roma daba sus últimos coletazos.

Entre otras lindezas, al tomar el poder, Sila institucionalizó una forma de limpiar el muy corrupto gobierno de Roma usando una herramienta casi nueva pero nunca usada con la eficacia con la que él la usó , las Proscripciones. Éstas eran simplemente unas listas con nombres de ciudadanos considerados peligrosos para el Estado, siempre desde el punto de vista de Sila, que en resumidas cuentas venían a ser todos a casi todos los seguidores de Mario.

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La España Romana


Ciudades españolas como Tarragona, Mérida o Segovia, amén de otras, nos recuerdan día a día que hace muchos días formamos gran parte de lo que fue el Imperio Romano, del que venimos.
A pesar de los “pueblos” prerromanos que habitaban la península (lusitanos, astures, celtíberos, vascos, griegos, cartagineses…), hoy hay que vanagloriar lo que un día fue – porque todos caen – el Imperio más grande de la historia, del cual nosotros no sólo formamos parte, sino que lo gobernamos gracias a emperadores como Trajano y Adriano (nacidos en Itálica, Sevilla), y Teodosio (Coca, Segovia), aportando además grandes escritores y poetas como Séneca o Marcial. Sigue leyendo