La Fórmula del Cónsul

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La Fórmula del Cónsul

En la Roma republicana la máxima magistratura del Estado era ejercida por dos cónsules. Dos. Es decir, el gobierno era siempre, bipartito. No tanto porque gobernaran dos cónsules de distinto partido o facción sino porque eran dos personas con sus ideas y sus ambiciones las que compartían el poder. Roma fue bien mientras el Senado buscase el equilibrio entre ambos. El cargo duraba sólo un año, y no solía repetirse el cargo de forma consecutiva.

Esta fórmula sólo se rompía en casos de extrema necesidad, en la que se nombraba a un Dictador con plenos poderes con la misión de resolver el problema surgido en cuestión, y sólo duraba seis meses.

Esta situación se vio bastante alterada con la llegada de los Tribunos de la Plebe. Figura, en principio, muy necesaria para proteger los intereses de un pueblo que muchas veces observaba cómo el Senado y los Patricios gobernaban de forma extremadamente injusta. Mientras los tribunos se dedicaron a defender los intereses del pueblo, todo fue globalmente bien.

Pero entre las atribuciones y los beneficios de este cargo de Tribuno estaba la inviolabilidad de su persona. Lo cual en una Roma en la que muchos conflictos se resolvían con una puñalada trapera a traición, que siempre sirve de freno a las ambiciones desenfrenadas, es bastante poder. Esta autoridad y no otra fue con la que se arropó Augusto al alcanzar el poder, la tribunicia potestas.

Los tribunos tomaron conciencia de su importancia y como siempre en la Historia comenzaron a usarlo. El poder se suele ejercer sobre unos frente a otros, así que las facciones no tardaron en definirse cada vez más. Unos buscaban el apoyo de éste, los otros del otro. «Tranquilo que yo conozco a este que es tribuno y nos resuelve la papeleta rápido… No te preocupes que tengo un primo cónsul que esto lo presenta en dos calendas… y demás asuntos que seguro que no suenan a todos».

Esta situación, entre otras muchas, llevaron a las Guerras Civiles, al Imperio, y al final a la decadencia de Roma.

Uno puede concluir que la política al complejizarse lleva inexorablemente al declive y al fracaso. O más llanamente que siempre hay uno que tiene un primo que conoce a…

La solución, a priori fácil, requiere de tanto esfuerzo que hoy día parecería imposible. En dos partes: una, que haya una cámara que agrupe a los más preparados y dos cabezas para el máximo poder, elegidos cada poco entre ellos; buscando siempre la virtud en el justo medio, como decía aquel. Y la otra, “Keep it simple…”

By | 2010-02-07T14:30:25+00:00 febrero 7th, 2010|Historia General|1 Comment

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Licenciado en Periodismo por la San Pablo CEU de Madrid, Máster en Periodismo por la LSJ de Londres, Máster en Diseño de Páginas Web por Azpe Informática, diplomado en HTML, CSS, SEO y SEM en la ULL, Christian Crossing-Taylor disfruta escribiendo sobre marketing digital e historia. Es director de Online Marketing Dream y lleva las cuentas de varios clientes.

One Comment

  1. Jay 10 febrero, 2010 at 3:06 pm - Reply

    Aquél que decía la virtud es la medianía entre los excesos y los defectos era Aristóteles y a parte de ser un gran sabio fue quien elaboró uno de los mejores y mayores tratados sobre política y leyes de todos los tiempos en nada menos que 8 volúmenes, me imagino que ya lo sabrías pero lo recalco por no ser mencionado. En cuanto a KISS «Keep it simple…» Comes from UK and if I remember well the complete proverb says «keep it simple stupid» or «Keep it simple and short» for the peasants…

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