
Tras el incendio de la ciudad gallega de Tuy en 1015, cuenta la leyenda cántabra que decenas de vikingos desembarcaron el la Playa de Laredo, y como la mayoría de los hombres de la zona se encontraban en plena campaña contra los musulmanes, fueron las mujeres las que tuvieron que darles la bienvenida…
Las mujeres de la localidad cántabra, más pícaras que los nórdicos, invitaron a los vikingos a una gran fiesta, en la que se les sirvió vino de Rivadavia a raudales. Cuenta Manuel Velasco en su libro » Breve Historia de los Vikingos» que debía haber alguna bruja de entre las mujeres, pues a todas las copas se les introdujo una sustancia hecha a partir de las hojas de boj…
Tras varias copas del supuesto vino, los vikingos que habían bebido, o sea todos, quedaron completamente paralizados. Las mujeres, que habían cambiado ya sus caras amigables por expresiones de satisfacción y pillería, cogieron a los vikingos y los depositaron, como si fueran objetos inmóviles, en una gran caverna que había debajo del pueblo, y allí deben de seguir…
