Una gran variedad de historiadores, pensadores y filósofos tratan de explicar que toda la ideología política de Hobbes no es más que producto de la era en que vivía, marcada por las guerras civiles inglesas y el continuo miedo sobre la posibilidad de una invasión española. Porque es que para Hobbes, “la paz y la cooperación tienen mayor utilidad para la propia conservación que la violencia y la competencia general, y la paz necesita de la confianza mutua”.

Lo que nos intenta explicar con Leviatán, es que esa confianza mutua hay que ganársela, y sólo puede conseguirse si existe un poder absoluto que la mantenga, porque la razón a veces no es suficiente para controlar impulsos humanos como el de la violencia o evitar caer en el egoísmo.

“Los lazos de las palabras son demasiado débiles para refrenar la ambición humana, la avaricia, la cólera y otras pasiones de los hombres, si éstos no sienten el temor de un poder coercitivo”.

Pero todo se reduce a una pregunta: ¿Somos buenos o malos por naturaleza?

Hobbes distingue dos etapas: Una situación marcada por el salvajismo, la barbarie y la guerra de todos contra todos (etapa Presocial), y un estado creado y mantenido por el derecho, y con el poder necesario para reformarse a sí mismo (etapa social).

Con esto trata de justificar que el ser humano es “malo” por naturaleza, en el sentido de que es la propia naturaleza la que hace que tengamos que comer para sobrevivir, y explica cómo nos sentimos cuando ante nuestra comida, se encuentra una persona que no está dispuesta a compartirla contigo, creando un conflicto de supervivencia, que es lo que lleva a la guerra.

“El poder del Estado y la autoridad del Derecho se justifican únicamente porque contribuyen a la seguridad de los individuos humanos, y no hay una base racional de obediencia y respeto a la autoridad, salvo la presunción de que tales cosas darán por resultado una mayor ventaja individual que sus contrarias”. El Estado o Leviatán, es sólo el servidor de la seguridad privada.

La sociedad, dice, es meramente un cuerpo “artificial” que representa el hecho de que somos tan egoístas que sólo nos asociamos porque nos resulta ventajoso el cambio de bienes y servicios.

Pero también influyen las pasiones que inclinan a los hombres hacia la paz: El temor a la muerte; los requisitos para lograr una vida confortable y la esperanza de obtenerlas por medio del trabajo, y no a través de la guerra con el prójimo.

Aunque lo llame Leviatán y describa al Estado como un diablo omnipresente y opresor, no quita que defienda el hecho de que “cualquier gobierno es preferible a la anarquía, en tanto que es capaz de conservar la paz y el orden”. De hecho éste fue uno de sus principales temas, desestimar la anarquía como solución a ningún problema.

Para Hobbes la Anarquía es “el estado de naturaleza, el principio, un estado de todos contra todos, que hace que la vida humana sea solitaria, pobre, fea, tosca y corta”. Pero nos dimos cuenta, explica, y nos asociamos para llegar a vivir mejor.

Ante tan grandiosa explicación del origen de la sociedad, George H. Sabine se cuestiona a sí mismo…
“Si los hombres fuesen tan salvajes y antisociales como se les presenta en un principio, nunca podrían ser capaces de establecer un gobierno. Pero si fuesen lo bastante razonables para hacerlo, nunca habrían estado sin él”, así que, ¿qué piensan ustedes?