Ciudades españolas como Tarragona, Mérida o Segovia, amén de otras, nos recuerdan día a día que hace muchos días formamos gran parte de lo que fue el Imperio Romano, del que venimos.
A pesar de los «pueblos» prerromanos que habitaban la península (lusitanos, astures, celtíberos, vascos, griegos, cartagineses…), hoy hay que vanagloriar lo que un día fue – porque todos caen – el Imperio más grande de la historia, del cual nosotros no sólo formamos parte, sino que lo gobernamos gracias a emperadores como Trajano y Adriano (nacidos en Itálica, Sevilla), y Teodosio (Coca, Segovia), aportando además grandes escritores y poetas como Séneca o Marcial.

Los cartagineses liderados por Anibal que llegaron desde Túnez, y se asentaron en la España mediterránea, pronto se dieron cuenta de los ilimitados recursos de los que disponía la península, y no tardaron en repeler a los griegos para quedarse con todo. Cuando Roma empezó a darse cuenta de lo poderosos que se estaban convirtiendo los cartagineses, comenzaron las Guerras Púnicas.
Tras ellas, gracias al prestigio que había alcanzado el general romano Escipión, en España empezamos a respetar a los del Imperio y comenzamos a romanizarnos, aunque tardaron otros dos siglos en acabar con las resistencias cántabras y astures (finalizada en el 19 a.C.). A partir de ahí la sociedad, la administración, la economía, la religión, la cultura y las diversiones adoptan las formas que venían de Roma. Como ejemplo tienen la ciudad de Mérida (foto de abajo), donde todavía hoy, en pleno siglo XXI, se realizan comedias romanas en el Anfiteatro de la ciudad.


La dominación romana duró hasta que los bárbaros empezaron a mosquearse, ya en el siglo V, formando durante los siete siglos de influencia romana una población conocida como «hispano-romana».

Julio César fue quizás el «culpable» de que en España haya tanta obra romana, pues asentó a una gran multitud de sus soldados entre nuestras costas, además de concederles municipios y llenarlos de cultura, sobre todo por agradecerles su apoyo en la guerra civil que mantuvo con Pompeyo.
No sé si a ustedes pero díganme que esta imagen de la izquierda no es apetecible. Se encuentra en Tarragona y algunos visitantes me han dicho que puedes acudir a las ruinas romanas como las que ven, y a los dos minutos estar dándote un baño en ese azul apetecible que ofrece el Mediterráneo, acompañado de un manjar de frutas y algunas cervezas, si no cócteles. Esta modernidad, te permite disfrutar de todos los placeres de la vida, de entre ellos, la cultura…