Archivo por meses: Enero 2009

El conflicto árabe – israelí

La raíz de este conflicto sin duda se encuentra en la Biblia, concretamente en el Génesis, cuando Yahvé le dijo a Abraham:

“Deja tu tierra y tus parientes y la casa de tu padre, y ve a la tierra que te mostraré”

Basándose en esta contundente frase, los extremistas judíos reivindican el territorio en el que supuestamente se asentaron los judíos en el pasado, incluyendo Judea y Samaria (nombres bíblicos de Cisjordania, ocupado desde 1967 por los árabes).

Los judíos comenzaron la diáspora, la dispersión por todo el mundo, desde el año 70, cuando los romanos destruyeron el segundo templo de Jerusalén, el de Herodes, del que sólo queda el Muro de las Lamentaciones. Pero los palestinos también acuden a ese término para referirse al éxodo que tuvieron que hacer tras las guerras de 1948 y 1967 contra los judíos.

Todo el mundo ha de saber que Israel hoy es país con fronteras porque así lo marcó la ONU con la Resolución 181 de Noviembre de 1947, que recomendaba la partición del territorio palestino en dos estados: uno judío y otro árabe.

Pero para los palestinos, la Resolución de la ONU nunca significó más que un tratado que justificaba las fronteras “mal trazadas” por los occidentales con el fin de darle una casa a los judíos.

Antes incluso de que Israel fuera proclamado Estado, las guerras árabe-israelíes dieron comienzo, provocando el éxodo de más de 300.000 palestinos. Unos meses más tarde, al día siguiente de la proclamación de Israel, el 14 de mayo de 1948, tropas de Egipto, Líbano, Siria, Irak y la Legión Árabe de Transjordania franquearon las fronteras del nuevo Estado.

El Ejército israelí rechazó la ofensiva y ocupó la totalidad del desierto del Neguev. Los combates finalizaron con los acuerdos de Rodas (1949), por los que Israel obtuvo 5.000 kilómetros cuadrados más de los que le había concedido la ONU, y Jerusalén quedó dividida entre árabes e israelíes. Sólo dos sectores quedaron en manos árabes: la franja de Gaza, administrada por Egipto, y Cisjordania, incluida Jerusalén este, que fue anexionada por Jordania en 1950.

Pero Israel, y aquí es cuando incluso los judíos se dividen en dos posturas, no paró de expandirse.
En 1967, a causa de un bloqueo egipcio, Israel atacó a Egipto, Jordania y Siria, y al cabo de una victoriosa campaña relámpago, del 5 al 10 de junio, ocupó los altos del Golán (Siria), Cisjordania, Jerusalén este, Gaza y la península del Sinaí (Egipto), por si fuera poco. La guerra de 1967 como dijimos tuvo profundas consecuencias en la sociedad israelí, que se dividió en dos: Por un lado, los “palomas”, partidarios de que los territorios ocupados pudieran ser negociables. Y, por otro, los “halcones”, contrarios a devolverlos y partidarios de abarcar toda la tierra posible del Israel histórico.

A raíz de aquí han habido innumerables intentos de lograr la paz, el más famoso sin duda el de Camp David, pero tal y como me decía una amiga con sangre judía-estadounidense, ¿Cómo se consigue la paz si sabes que tu padre, madre, tíos y abuelos tienen a su vez otros parientes que han sido asesinados por Hamás?

Lo que está claro, le dije, es que si los palestinos también piensan así estamos jodidos… porque el ejército israelí también ha matado civiles, y si no se olvida lo que pasó ayer en pro de lo que pueda pasar mañana, jamás se llegará a nada más que guerra.

Batalla de Poitiers (732)

Hoy llega el día de honorar a Francia, conmemorando la batalla que libraron los francos contra los musulmanes para impedir su avance hacia el resto del viejo continente, obstaculizando a su vez, la incorporación del Islam a las vidas de los europeos.

Carlos Martel, padre de Pipino el Breve y abuelo del mismísimo Carlomagno (reyes francos ambos) fue el encargado de liderar a los francos frente a Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki, gobernador de Al-Andalus.

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Gonzalo de Sandoval

Gonzalo de Sandoval, condujo la vanguardia de la retirada española tras la Noche Triste de 1520, donde poco menos de 300 españoles tuvieron que enfrentarse (porque ya no les quedaba otra) a miles de aztecas cerca de Otumba, donde finalmente salieron victoriosos.

Sandoval cubría la retaguardia. Él era el encargado de que los aztecas no se acercaran, pero lo hicieron, por lo que tuvo que enfrentarse a muchos más que los que eran ellos.

Pánfilo de Narváez y Hernán Cortés

Cuenta la historia que en 1518 Hernán Cortés desobedeció los mandatos del Gobernador Diego de Velázquez en Cuba, y partió hacia México con 600 hombres para conquistarlo, en vez de acatar las órdenes de convertir a España en primer aliado comercial. El Gobernador envió a un regimiento al mando de Pánfilo de Narváez para capturarle, vivo o muerto.

Prácticamente desde que Cortés salió hacia el todavía más Nuevo Mundo, Pánfilo se encontraba detrás, persiguiéndole. Pero Pánfilo tenía todas las de perder, porque no sólo los soldados que acompañaban a Cortés le fueron letalmente fieles, sino los mismos de Pánfilo, que al intuir las innumerables riquezas que podrían sacar de Tenochtitlán, decidieron unirse a éste tras la escaramuza fallida… veamos:

Cortés se enteró de que le estaban persiguiendo y decidió adentrarse en el continente en busca de la capital azteca, así matando dos pájaros de un tiro: Por un lado se alejaba de sus perseguidores y por otro trataba de encontrar civilizaciones y riquezas.

Varias semanas después de que Cortés levantara un fuerte en Veracruz y capturara al mismísimo Moctezuma, llegaron noticias de que 18 navíos habían llegado al puerto. Eran Pánfilo y sus hombres, que además de venir a luchar contra Cortés, se encargaron de advertir a Moctezuma de que Cortés y sus hombres eran rebeldes de España.

Visto lo visto Cortés decidió dejar unos cien españoles para defender Tenochtitlán al mando de Pedro de Alvarado, e irse al frente de otros 300 a por Pánfilo. Cortés ganó la batalla, capturó a Pánfilo y todos sus hombres restantes se unieron a la causa de Cortés. Tan mal quedó Pánfilo de Narváez después de aquel suceso, que los conquistadores, cuando querían burlarse de alguien le llamaban pánfilo, y esta expresión ha llegado hasta nuestros días en España, donde a día de hoy se le sigue llamando Pánfilo a alguien torpe, tonto, etc.